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Descripción

¡Dios mío! Cada vez que digo que me he preparado y alistado y me dispongo a rezar ante Ti y a dirigirte letanías, me infundes sueño cuando estoy rezando y me privas de dirigirte letanías al querer invocarte en mis ruegos. ¿Qué me sucede? Cada vez que digo que mi fuero interno se ha enmendado y mi situación se acerca a la de los arrepentidos, se me presenta una adversidad que me hace trastabillar y se interpone entre mí y el hecho de estar a Tu servicio. ¡Mi Señor! Tal vez es que me has echado de Tu puerta y me has apartado de Tu servicio; o tal vez me has visto desatender Tu derecho por lo que me has relegado; o tal vez me has visto evitándote por lo que me has desdeñado; o tal vez me has encontrado en la posición de los mentirosos y me has rechazado; o tal vez me has visto siendo desagradecido de Tus mercedes por lo que me has privado; o tal vez no me has hallado en las reuniones de los sabios por lo que me has abandonado; o tal vez me has visto entre los negligentes por lo que de Tu misericordia me has desesperanzado; o tal vez me has visto fraternizar con las reuniones de los ociosos por lo que con ellos me has dejado; o tal vez no quieres escuchar mi súplica por lo que de mí te has distanciado; o tal vez por mis pecados y faltas me retribuyes; o tal vez por mi falta de pudor de Ti me das lo que merezco. Si es que perdonas, ¡oh Dios!, ¡cuántas veces has personado a los pecadores antes que a mí!, puesto que Tu generosidad, ¡oh mi Señor!, supera al hecho de escarmentar a los negligentes. Yo me amparo en Tu favor, huyo de Ti hacia Ti mismo requiriendo lo que prometiste sobre dispensar a quien piense lo mejor de Ti.

Transcripción